Captura de pantalla 2015-04-03 a las 12.51.17Están demoliendo el que fuera el estudio de mis hijos cuando eran jovencitos. Cuando compré la casa, lo mandé hacer para que ellos en la azotea, tuvieran un espacio para su fechorías: jugar con computadoras (que ahora son modelos viejísimos), tocar con su banda, grabar música. Seguramente fumar marihuana, conversar sobre mujeres, realizar actos sexuales, convivir con amigos.

Los últimos años, en que mis hijos ya no viven conmigo, lo empecé a usar de bodega, llenándolo de lo todo lo temporalmente inútil: las cajas de los aparatos recién comprados (en lo que pierden la garantía y eso), las maletas viejas, la ropa que ya no se usa, las toallas antiguas, puff, hasta horror me da describir aquello. Que inútil es guardar cosas, que al final, si uno mismo no se ocupa, se tendrán que ocupar otros de simplemente tirar a la basura.

No es posible evitar la nostalgia, los recuerdos de los tiempos idos, mis muchachos jovencitos, construyendo su mundo y yo misma tratando de no sucumbir ante las hecatombes diarias de la supervivencia. Al final, hasta el momento lo hemos logrado, cada uno de los tres tiene su vida y sus vicisitudes y a veces nos reunimos con cariño y sigue habiendo un lazo entre nosotros que ninguna pared derruida podrá desbaratar.

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Un comentario en “Aniquilaciones físicas y sus repercusiones neuronales ** ***

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