Escucharte era dejar de ser de mármol y volverme aurora, mirar dentro de gelatinas las cosas, sentir vértigos de nuez. Tus dedos en mi frente prendían antorchas, desapareciendo pies y piernas, volviéndome nieve que se deteriora. Tenías luz en las manos, te lo digo yo que la miré con el cuerpo entero. Tus palabras eran objetos giratorios que se insertaban como agujas, dardos y aguijones en mi sensible piel.Tuve que trasnochar los recuerdos que se convertían en amargura en mi paladar, reposar en agua bendita las caricias, mi pelvis y tu rostro, para poder volver a ver con mirada cotidiana o casi casi, al mundo.

Un silbato rellenó mi cerebro y volví a ser tu calcomanía, tú mi lápiz y mi tinta. Ese sonido del tren me supo a despedida o a reingreso, a paz o a tortura. Dime por favor si se trata de señales de bienvenida o de guerra, de reencuentro y salvación o de huida a lo seco.

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