Entonces miro y encima de la mesa de trabajo hay tres pares de lentes para atajar el sol. Ninguno muy caro, son tres pares aventados encima del vidrio. Los voy a tirar a la basura porque lo que ahora quiero no es eliminar de mi vista la luz del sol sino mirarla y saber que ahí está, que sale todos los días ese brillo por varias horas, que si me expongo a él voy a reforzar mis huesos y mis emociones.

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