su vida era un palíndromo extremo: daba exactamente igual entenderla desde el final hasta el inicio, que al revés.

se entretenía repasando los últimos momentos y volviendo lentamente a los iniciales y era medianamente joven siempre, quién sabe por qué.
jugaba a decirle a una chica cosas bonitas y luego hacerle el amor y dejarla emocionada y sola luego, para después dejarla sola, emocionarla y hacerle el amor y despúes decirle cosas bonitas.
comía zanahorias hervidas a menudo para más tarde observar sus heces fecales anaranjadas, y al verlas anaranjadas comía zanahorias cocidas.
estaba seguro que cuando muriera, sería moribundo, luego rozagante y hasta bebé, y cuando bebé se volvería rozagante moribundo.

su deporte favorito era repetir: “anita lava la tina” muchas, muchas veces.

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