Tuvo que darse un aplauso. Pudo recordar el ejercicio de ponerse un guante blanco imaginario en la mano derecha, inflado porque está lleno de anestesia. Mover el dedo gordo dos veces cuando se le necesita activar y ponerlo en la zona afectada de dolor, ansiedad, pensamientos nefastos. Dejarlo actuar, retirarlo y apagarlo con el pulgar de nuevo. Con ello comprobar su poder de mantener la calma, de tender una cortina de humo entre sí misma y lo que sucede, no sentirse aludida personalmente y actuar con la coherencia que da el deslinde de locuras.

 
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