Sillones, camas, sobre todo cojines y alfombras, así como teclados de computadoras, son contenedores absolutos de nuestro ser. En ellos se anidan nuestros cabellos perdidos, la caspa suelta, los residuos de los rasquidos a la piel, la mugre que nos sacamos de alguna uña, los portentosos vahos de nuestros pedos, incrustaciones de eructos, mugre que trajimos de otros sitios y generosamente esparcimos por nuestras casas.

 

Son valiosísimos depositarios de nuestra irrepetible información genética, nadie en el planeta deja los mensajes como lo haces tú o lo hago yo. Qué infames son las aspiradoras que intentan llevarse nuestros rastros en el mundo.

La naturaleza, que todo lo transforma, creó a los ácaros para que se engolosinen con lo que nosotros vamos dejamos regado por el espacio y cae por leyes de la gravedad. Todo interconectado. Las fibras algodonosas, las leyes físicas, las bocas hambrientas.

 

Pero la naturaleza, cíclica y siempre como Banda de Moebius, nos regresa cosas: acabo de leer hace poco que uno de los alimentos favoritos de las cucarachas es la pasta de dientes.

Cuando dormimos, ellas se encargan con amabilidad y diligencia de devolvernos un poco de los residuos que dejamos en las alcantarillas abandonándolos en nuestos cepillos de dientes. Qué perfecta es la creación!

   
   
   
   
   
   
   
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2 comentarios en “El ciclo perfecto de la naturaleza **** ***

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