Manuel se tumbó en la cama, y durmió. No pensó mas en que apenas eran las siete de la noche, ni en quitarse la ropa o cobijarse. Sus sueños pesadillescos tenían como bagaje una garganta seca que crujía, así que en ellos gritaba mucho, y se desgajaba, no podía respirar bien. Posiblemente fué el frío lo que lo despertó de madrugada, la sed, o las ganas de orinar. Salió de su habitación rumbo al baño, el pasillo iluminado era molesto, el chorro de la orina estalló en el escusado salpicando de adornitos brillantes las orillas. Recordó los reclamos de la sister por esos detallitos pero ni jaló ni limpió, ni volvió la cara siquiera. En el comedor había sillas desordenadas, sobre la mesa migajas, y en la cesta un pan de esos inflados con queso crema dentro. Suertudo se vió, se lo comió de tres bocados, fué al refri, vió el cartón de jugo de naranja abierto y se lo empinó todo rapidísimo, mientras hurgaba: zanahorias secas y negruzcas, un bote a medias de mayonesa light, jamón sospechosamente descolorido dentro de un plástico arrugado y viscoso, un envase con quien-sabe-que-mierda dentro. Regresó a la cama, se quitó la camisa, se surtió con una camiseta vieja, se bajó el cierre del pantalón y se masturbó mecánicamente.
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