Creo que unos más, unos menos, disfrutamos el Mojito. No puedo generalizar pero creo que nos supo a cosa fresca que desciende de garganta a panza y nos deja una estela de dulzor con yerbabuena y mareos leves. Nos supo, creo yo, a destrabar de lengua, a risa fácil, a recuerdo y broma, a facilidad de tacto, a vejiga llena, a pancita rebotada, a vacación, a sudor y brisa. A olvido, a vivencia, a sensualidad, a canto romántico, a torpeza divertida, a chiste barato y a conocido desparpajo, pasajero pero sublime.

 
   
   
         
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