Miré a unos muchachos de más o menos 17 o 18 años, sentados en una escalera afuera de un Oxxo. Sus pantalones y tenis gastados, camisetas sencillas. Habían comprado una bolsa de papas fritas grande y tenían un bote de "dip" de cebolla abierto. Desparpajados tomaban papas de la bolsa, las sumergían brevemente en la crema y las comían, lentamente. Reían y hablaban de no-sé-qué-cosas. Parecía (no es que crea que así era, sólo me dió esa impresión) que no les importaba en ese momento el futuro, el pasado ni ninguna clase de pendientes.

 

 

Tuve un momento de profunda envidia. Ya no recuerdo casi ese tipo de momentos de la vida, donde se difumina la obligación, los pendientes y pesares de todo tipo.

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