– Ya te dije, no voy a aceptar eso.

– Pero dime porqué, si no no entiendo.

– Porque no está dentro de lo que yo estoy dispuesto a hacer.

– Entonces dame otras opciones.

– Mi opción es que te olvides del asunto.

– Pero es que no puedo olvidarlo, necesito eso para seguir mi vida.

– No hay lugar para eso en nuestra vida juntos, así que tú decide.

– Si hago eso dejarás de vivir conmigo?

– Sí.

– Entonces yo de todos modos pierdo: si lo hago te pierdo a tí y si no lo hago pierdo eso.

_ Sí, así que valora tus opciones bien, porque no hay vuelta atrás.

Vació cajones, vendió objetos, logró hacer un atado de cosas fáciles de transportar, buscó un sitio, se mudó. Pero la prohibición seguía en su mente por lo visto, por que no hizo lo otro. Se quedó sin a y sin b, con un libre albedrío usado a la mitad, inaccesible a su posibilidad de cumplir cabalmente su deseo.

 
   
   
   
   
   
               
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