• Estaba cansado de ese continuo diálogo en la cabeza. Que va, no era diálogo, era conferencia multitudinaria.
             
  • A cada pequeño acto cotidiano tenía que imprimirle el tono de meditación y dudas.
             
  • Mientras no le importaba en lo más mínimo el color de los calcetines que se ponía o la marca de la camisa, el poner palabras en los correos era una lata.
             
  • Por ejemplo, quería escribirle que la extrañaba aunque todo hubiera sido tan difícil, descomunicado y lleno de entuertos.
             
  • Que la quería aunque no sabía si eso era solamente parte de su masoquismo. Que no le gustaba su olor o la manera en que hace el amor, tampoco lo inculta que es, las tonterías que contesta o sus dientes chuecos.
             
  • Pensaba en si era necesario comentarle que había hurgado en sus cosas y encontrado datos de otros hombres, otros amores, otros rostros. También se preguntaba si le diría o no que está gorda, tiene la piel descuidada, le hace falta un facial o tal y se corta muy descuidadamente las uñas de los pies.
             
  • Tal vez lo mejor sería mentirle, decirle que la idealizaba, por ejemplo, pero no, ella no entendería qué significaba esa palabra. O que la quería, eso se entiende más fácilmente entre el vulgo. Que quería vivir toda su vida al lado de ella y tener dos críos.
             
  • Al final, creo que se va a decidir por decirle esto último. No será feliz, pero para eso tiene mucho tiempo y para mandar el correo no.
             
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s