Decido
regularizar los papeles de mi departamento. Los últimos seis
años en los días que rondan el 31 de diciembre ha
estado entre mis proyectos prioritarios. Todos
lo sabemos: se deja para esas fechas el pensar en las cosas
extremadamente odiosas
que no hemos hecho. Nos decimos con mediana convición que
“ahora sí” tendremos energía para hacerlas.
Este
año sucedió que en la lista había
pendientes aún más difíciles de
resolver que ese (imagíne nada más
cómo serán de pesados) y entonces no ha quedado
más remedio que atacar este.
Los
primeros dos  meses del año quedó en la
parte de atrás de los pensamientos, rondando hasta que por
algún fenómeno difícil de describir
con claridad, he podido iniciarlo.
Tardé
dos semanas en conseguir el teléfono del notario para
preguntarle qué procede. Otra semana en llamarlo. Una
más en llamar al banco para que me dijera qué se
necesita para que ellos den su visto bueno para liberar mi escritura. Una
semana más en ir al Registro Público de la
propiedad. LLevé una determinación
férrea de tener paciencia infinita. Hice colas en la zona de
informes y luego fila en las ventanillas. Por supuesto me
faltó un dato y tuve que regresar a la siguiente semana.
Llené el formulario, entregué la copia de mi
credencial de elector (para mi maravilla había logrado
renovarla este año como parte también de mis
propósitos de año nuevo).  Me dijeron
que “ahora el trámite no es tan largo como solía
serlo -alrededor de tres meses- sino de diez días
´habiles” que corresponden a dos semanotas.
Esas
semanas estuvieron a momentos inundadas de toda clase de ideas acerca
de posibles razones por las cuales no me entregarían los
papeles requeridos y mi departamento nunca pudiera ser vendido en lo
que me queda de vida y luego mis herederos tampoco pudieran hacer nada
con él más que habitarlo hasta su propia muerte……
si acaso.
Hoy
fui puntual a ver los resultados de las pesquizas del gobierno acerca
de mis papeles de posesión: el número de mi
escritura corresponde para ellos a un departamento que no es
mío en otra colonia distante de la ciudad. Tengo que
regresar con copias de la escritura para que ellos me digan si es
“culpa” del notario que hizo mi escritura o de ellos al registar los
datos de manera digital. Podré pasar por los papeles dentro
de los siguientes diez días hábiles.
Todo
esto me hace saber una vez más que soy un ser ordinario al
que le suceden las cosas ordinarias que nos toca vivir a los ciudadanos odinarios
del mundo. Menos mal. A lo mejor el error es intentar vivir con
papelería al corriente en este mundo caótico y
desarreglado.

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