el cepillo se pone muy feliz cuando llega la pastita, por que anticipa que está a punto de recibir la sesión intensiva de apachurramientos, movidas, subeybajas, apretones, frotamientos y calor.  
  la pasta emocionada, se ablanda, se acomoda para el acto.  
       
       
  siempre sucede: se abre el órgano, entra el instrumento, empiezan los frotamientos cada vez más intensos, el calorcito, los olores que se deprenden, la baba pegajosa que se escurre, luego el chorro, el clímax, el desfogue de la pasta y el cepillo. y lo mejor de todo, puede hacerse tres veces o más la día, al gusto del consumidor. es un acto limpio, sano, que lo hace a uno sentirse fresco, revitalizado y jovial, pronto para la sonrisa y el canto: una maravilla.  
       
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