Converso
contigo y mantengo una semisonrisa uniforme, trato de que mi cara no
delate que lo que dices me decepciona tanto.
Desde antes de verte en el café casi puedo adivinar tus
temas de conversación, pero hago un intento de acoplarme a
que no se me note el aburrimiento.
Tu compañía me hace pensar en mí
misma, en que seguramente soy igual de monotemática y poco
original que tú.
Intento hablarte de otras cosas pero tú me haces las mismas
preguntas acerca de mi estado, como esperando que ahonde en lo que te
he contado tantas veces con variaciones menores.
Quiero salirme de mis casillas, no soporto tanta
reiteración. Me siento mala persona por no sentirme
cómoda contigo.
Trato de pensar en la “importancia de las amigas”, en el don de la
continuidad, en el miedo ( o deseo? ) de soledad y cambio.
Cuando regreso a casa abro algunos cajones y tiro casi todo lo que hay
dentro en el bote de basura. Al menos tengo algo que tirar…..



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