con muy poca anticipación nos dieron unas invitaciones que parecían hechas por principiantes en un programa de esos gratuitos que vienen con las impresoras. el evento tenía la particularidad de que no sabías a qué día correspondían los actos, pero eso sí, eran muchos y muy seguidos uno del otro. como pensando que las personas no necesitamos orinar, hacer alguna llamada o comer un bocadillo en horas y horas enteras. la asistencia era o-b-l-i-g-a-t-o-r-i-a para los que laborábamos ahí (no fuera aquello a ponerse de pronto muy vacío).

hasta falda me puse, para verme bella y arreglada. pero el evento comenzó 35 minutos tarde y no hubo más que una bienvenida deslucida de dos minutos y no por “autoridades” del lugar. en el programa era apetecible un asunto de unas danzas, pero no se veía tarima ni espacio para ningún baile. me enteré recién entonces que a cambio veríamos una película sobre la vida de alguien, un tal Pedro parece. para nuestra profunda desgracia se intentó por varios minutos (la película prometía durar 20) arrancarla pero no pasaba de la misma escena inicial que se repetía hasta el vómito. desistieron sin explicaciones. no las merecíamos, lo sé bien.

como segundo platillo un señor vestido de nativo nos contó muy emocionado los 26 eventos que había hecho con su asociación pro conservación de la sabiduría indígena, pasándonos fotos y fotos de personas paradas como mirando aburridamente algo en toda clase de espacios llenos de flores de esas que se ponen acartonadamente en eventos públicos. también nos dijo que lo importante para el crecimiento humano era tener sangre, semen y penes erectos, por lo que las mujeres del lugar quedamos consternadas ante nuestra pequeñez corporal, impedimiento esencial para la gloria.

como tercer bocado, una mesa de tres personajes. el primero nos amenazó: voy a improvisar y le tuvimos que agradecer que nos recordara al héroe nacional Cantinflas.

cuando estaba por tener que soplarme al siguiente orador decidí que si me querían despedir de ese trabajo que lo hicieran: me levanté, bajé con cuidado las escaleras, para no romperme un tobillo por las culpas y me dirigí al Starbucks (ya sé, ya sé que es colaborar con lo gringo, sí) a degustar un delicioso cafecito.

Visita también mi blog serio: Acciones psicoterapéuticas.

Anuncios

Un comentario en “hay eventos “académicos” que más nos vale irnos a tomar cafecito a la esquina ***

  1. Ojalá te hubieras ido al cafecito desde el primerísimo minuto. Uno puede pasar muchas cosas, pero la mediocridad deliberada no tiene justificación.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s