Útil y divertido es para mí sacar el ojo de su cuenca. Si necesito ver qué pasa en la estancia de al lado, lo ruedo discreta por el piso. Puedo leer mientras veo una película o conversar con Juana y observar a Chana. Si quiero saber más sobre una persona, ruedo el ojo por el piso hasta que alcanzo a mirar la suela de su zapato y ver su estado.
  Incluso logro dormitar, echando un ojo al gato y otro al garabato. A veces me lo quito para dormir y descanso mucho mejor. Lo remojo en té de manzanilla para conservarlo fresco y puro. Me da terror que me quieran mandar el mal de ojo, en serio. Pero lo que ahora mismo me tiene preocupada, es que está adquiriendo una especie de miopía, presbicia y astigmatismo, todo al mismo tiempo, y el otro ojo, que está mucho más sano, no consigo sacarlo de la cuenca. ¿Qué voy a hacer?
     
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