ayer caminaba por las calles meditabunda. sentía ganas de irme a otro planeta a probar suerte. me percibía aburrida de la cotidianidad. mis pasos se escuchaban encima de la acera vacía (en domingo ni las gallinas ponen). y como a veces sucede, se cumplió mi deseo: se abrió una puerta dimensional en el piso y fui a dar una vuelta por otros lares. lástima que me han prohibido terminantemente contar las cosas que vi ahí. regresé bastante renovada, a decir verdad.
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