Revisé los zapatos del armario para ver cuales aun me servirían en el tramo que me faltaba de vida. Iba a necesitarlos porque el asunto era grave. Tendría que caminar aún mucho seguramente por las mismas sendas, pero con menos ingenuidad y más humildad. Recordé al Buda y su lema del “término medio”. También me vino a la cabeza eso de que “ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre”. Una pierna dentro de mí misma y la otra en la realidad externa.

Solté los lazos rosas imaginarios, ya sabes, ese bla de que la gente es consistente y unida por motivos comunes, los amigos se buscan, la primavera es perpetua. Hacía tiempo se había terminado el asunto de “cuando sea grande voy a …” Muchas enseñanzas triviales y de perogrullo como en la película de “Nunca te ofrecí un jardín de rosas”. ¡Qué de lugares comunes ocupaban mi poco instruida cabeza!
Compré el periódico diariamente, reabrí internet, contacté amigos para buscar trabajo de nuevo. El lapso de retraimiento había terminado. Lo que fuera, ya se sabe que todo es más o menos lo mismo, lo que fuera. Ganar unos pesos, ocupar las horas, comprar faldas nuevas y escuchar chismorreos. Tolerar ambiguedades y devaluaciones, saber que intentar destacar es cansado y te llena de rivales.
Tintorería, lavado del auto, cambiar las cortinas, ponerse uñas postizas, ensayar la mueca de la sonrisa. Buscar a los hermanos y las tías, nunca decir por lo que se ha pasado. Tal vez criar un gato o un perro para acariciar su pelambre y obligarse a alimentarlo. Volver a preocuparse de no morir. Pasear, ver televisión, ir a los cines, reabrir los libros, sembrar rosas.
Calcular de nuevo cuánto se necesita para una vida cómoda, cambiar la puerta de la entrada. Sacar la flanera y hacer postres, pintar de azul una pared. Recordar las fiestas, los besos, las conversaciones, los paseos, los buenos modales.
Encontré un empleo, silencié mi crisis, me porté como gente normal, rendí, llegué a tiempo, produje artículos, le enseñé a alumnos, conducí diariamente el auto enmedio del tráfico. Me pinté la boca y depilé mis piernas. Ensayé un cambio de peinado, aprendí a comer comida francesa, planeé un viaje a Europa pagado en abonos. Hasta contemplé la idea de coquetear de nuevo.

Para no oler a desilusión compré jaboncitos de olor, fuí al gimnasio para que no se me notara la debilidad, tomé pastillas para verme llena de color, leí mucho mientras cenaba sola.Conté a los nuevos amigos versiones censuradas de mi vida, versiones light y sencillas.


Aquí no ha pasado nada.

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4 comentarios en “cuaNdo tuvE tiemPo liBrE (Cuarta parte) *****

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