Como dicen: “Muerto el perro, se acabó la rabia”. Se nos petateó el señor. Para todas las cabronadas que hizo, le fue bien. No le tocó ese rollo de los hospitales, las agujas y los tubos. Como si se hubiera merecido ese final el viejo. Para mi gusto era muy descuidado en su cochinadas. A mí me tocó lavarle la ropa, que olía a perfumes de viejas corrientes, los calzones manchados por que era bien puerco, creo que ni se sabía limpiar la cola. Yo no sé cómo la señora, tan distinguida, le aguantó tanto. Yo creo que ni siquiera le tiraba un lazo a la pobre, era tan mujeriego y luego alcohólico, pues menos.

Me acuerdo de que cuando era más joven tenía algo de cuidado, quería ser alguien decente o por lo menos se preocupaba más del que dirán. Llegaba a hora buena a su casa, convivía con sus hijos. Yo alcanzo a recordar que la gente lo quería. No sé qué le fue pasando con el tiempo. A lo mejor es el poder que corrompe hasta a los más fuertes. Se fue volviendo rudo, grosero, en una palabra: patán.

Para mí que el teatrito se le cayó cuando nos enteramos de que tuvo una hija con la Silvia, tan inocentona que parecía. Para la señora fue un golpe tremendo, y más que lo tuvo que callar para no hacer grande el escándalo y proteger dentro de lo posible a sus hijos. En esa época también a mí se me vino abajo su imagen, porque me trató de tentonear. Ya parece que yo voy a traicionar a la señora, si la respeto tanto. Me enojé mucho y se topó con la horma de su zapato el desgraciado, por que nunca caí en sus manos. Pinche panzón horroroso, ni que hubiera estado siquiera bueno. Yo soy criada, pero no caigo tan bajo. De esas pulgas no brincan en mi petate.

Los hijos sufrieron bastante por las chingaderas del señor. Les daba su dinero y con eso quería callarles la boca. Ellos, nada tontos, aprovecharon, pero eso no quita que les diera vergüenza que todo mundo supiera que era lana sucia y mal habida. La chamaca se ha comprado todo El Palacio de Hierro. Cada cosa bonita que sale, ella la tiene. Pero detrás de su mamonería hay rencor y hasta pena. No se da cuenta de que los chavos la siguen por su posición, porque, la neta, así que tú digas que bonita bonita es, pues no, ¿verdad?

Yo me voy a quedar con la señora para siempre. Quiero tener la suerte de ver cómo resurge ahora que no está el desgraciado, cómo descansa, se relaja y disfruta de los pesos que le dejaron. Nada más es que se le pase el coraje que está haciendo ahorita de ver a las dos méndigas esas cínicas que vinieron al entierro como diciendo: “Yo era su mujer, no se les olvide”. Para eso está Don Tristán, que es un abogadazo. Yo ya la oí decir que le va a pedir que la ampare para que no le quiten las cosas y el dinero que legítimamente les pertencen a ella y sus hijos.

No quiero que me salga el “en paz descanse” que siempre me nace cuando estoy en los velorios viendo las cajas de muerto. No lo amerita el caso.

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10 comentarios en “Teresita, la sirvienta *****

  1. Ha q Teresita. Eres una buenasa al detallarnos al pie de la letra como era ese pinche panzón horroroso; sin embargo, espero no t decepciones cuando veas q la señora c vuelve a conseguir a otro igual con la esperanza d que cambie.

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