Tal vez hubiera sido prudente desistir. Atreverse a dejar las cosas pasar, como si no fueran importantes. Quedarse con la sensación de extrañeza y punto. Pero no, decidimos indagar y tenemos merecida la consecuencia: ahora sabemos mas cosas de las que necesitamos.

Caminar por el parque era una costumbre cotidiana, después de la comida. Nos gustaba ir a ritmo lento, conversando los eventos de la mañana, como un paso intermedio hacia el final del día. Ni siquiera podemos recordar bien de qué hablábamos en ese momento específico.

El niño andaba en su bicicleta, un niño cualquiera, tal vez de 5 años. No lo hacía muy bien, bajaba una de sus piernitas a cada momento para recuperar el equilibrio. Cuando le sonreímos, nos devolvió el gesto y notamos que estaba mudando dientes, y tenía un flequillo coqueto sobre la frente sudada.

Fué bastante sorprendente verlo desaparecer sin mas, pero como no era nuestro niño (creo que fué eso) no le tomamos importancia. Sólo cuando notamos algunas personas con cara de perplejidad, mirando hacia todos lados, sospechamos que se buscaba al nene.

Realmente nos hubiera convenido ahí mismo regresar a casa, porque, me pregunto yo, que ganamos en la vida con asomarnos a ese maldito hoyo profundo para ver nene, bicicleta, dientes, y sesos desparramados? Aprendimos a no mirar mas de la cuenta, para no sufrir por todo.

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5 comentarios en “¿ y pArA qUé mIraR ? ** *** *****

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