en lugares estratégicos  
                                de la empresa se colocaron las navajitas.
                              eran diminutas, casi imperceptibles.
                            todo iba bien hasta que pasabas la mano o la pierna, nalga, espalda,
                    y te picaba una de ellas, marcándote con al menos una gota de sangre.
              en esos momentos aprendías en carne viva qué se valía y qué no.
                    supimos dejar de murmurar en los baños ó mandarnos mensajes debajo de las mesas.
                            aprendimos a dejar los papeles siempre bien llenos de trabajo, a no renegar, resoplar o hacer muecas.
                        no nos columpiamos más en nuestras sillas de trabajo,
              ni fuimos a la cafetería más de dos veces en un sólo día.
                              a pesar de todo lo que aprendimos, aún ahora a veces nos cortamos.
                                tenemos cicatrices imborrables en cráneo, cara, brazos, manos, piernas, nalgas, pantorrilas, dedos, pechos y genitales, conciencia y corazón.
                               
                                 
                                 
                                 

ag 4, 2006

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11 comentarios en “en La oFicinA ** ** *

  1. Me recordaste a “naranja mecanica” puro conductismo y bueno, hay gente que tiene que aguantar eso y mas en busca de la chuleta.

    Y dime donde es, para buscar chamba, no es que sea masoquista, sino que ya ando desesperado ya no quiero ser free, quiero un sueldo a como de lugar

  2. No estarás leyendo a Kafka! ¿Qué se puede esperar de una vida así?
    y sin embargo hay que vivirla. Otra cosa, el espacio destinado
    a imágenes sugerentes está ocupado por una mancha negra de tinta.
    No me digas que la cosa es así! Ni Kafka eran tan oscuro. Debe de ser un error.

  3. En todas las empresas están esas navajitas diminutas. Siempre atento, siempre vigilante para no recibir un corte.. y aún así, el día menos pensado, te acaban seccionando la yugular.

  4. Te las plantan dentro, desde siempre, se llama educación.

    El problema no es que estén en la oficina, sino cuando las llevas a casa. El problema es cuando hacen daño a otro.

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