A las dos cuarenta de la madrugada mas o menos, suelo entrar por el cuello de una botella de vidrio (de las que se llenaban de leche antes, y se dejaban afuera de las puertas de las casas en las madrugadas) que se parece también a una matriz sangrante. Deslizada llego a los siete años y soy muy muy flaca, excesivamente, me lleno de moretones alrededor de las rodillas y en las espinillas, siento una ansiedad y una soledad que carcomen mi pequeñísimo torax, casi no entiendo nada de lo que está pasando en el mundo, tengo manchitas rojizas secas en la comisura de los labios, que me dan comezón y se sienten rasposas, entro a un baño que tiene una ventana arriba de la altísima pared, y rezo a un Dios en el que quisiera creer, pidiéndole que me cuide y no me deje tan a la deriva.

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12 comentarios en “Botella de Leche

  1. Noemí, ¿qué sucede cuando te beben de aquella vastedad, y las lágrimas se resuelven con ansiolíticos y antidepresivos?.

    Tu hijo de la vieja Europa, que te aprecia, Saä Viccenzo desde España

  2. Saä Viccenzo

    Hijo…. sucede que en realidad las lágrimas no se resuelven, solamente se EsCoNdEn, Entonces la tristeza se va haciendo añeja y perseverante.

  3. Puedes ser este Dios que consola y tranquiliza esta niña perdida, Noemi. Con una gran sonrisa y lo que fluye de tu corazón, no? Puedes intentar, no tienes nada que perder 🙂
    Un fuerte abrazo querida

  4. Noche, niñez, enclaustramiento, sangre, leche, oscuridad, Dios… qué inquietante es reconocer lo profundo que es el deseo no sólo de retornar al útero, sino ir más allá, más atrás, hacia una nada oscura y vital…

  5. Sin darte cuenta te vas convirtiendo en Alicia, la que se extravió siguiendo a un conejo blanco, la que atravesó el espejo y comio pastelitos que la agrandaban o encojían.
    El mundo a través del cristal de una botella de leche, el universo -con dios y todo- atrapado en una bola de vidrio donde a veces neva. Todo depende si la agitas o no.

  6. No hay experiencia más aterradora, y contradictoriamente, liberadora; que esa de enfrentarnos al niño que fuimos…

    Besos y aplausos, sus letras son alimento pa las retinas 😉

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