En algún momento, por alguna causa que se le escapa, ha pasado de estar en el lugar desde el cual las contingencias horribles les pasan a los otros mientras él se acomoda del lado de la seguridad de que todo eso no le toca, a la sensación ante cada cosa que escucha o atestigua de que el siguiente en la lista de las más temibles desgracias es él mismo. En lugar de agradecer todos esos años en que fue inmune al terror de que le sucedieran percances, se siente muy acongojado con su recién perdida omnipotencia esencial. Ya no puede ver patéticos a los tullidos que hacen uso de su falla para pedir limosnas, ni puede consolar adecuadamente a los que sufren de enfermedades o aflicciones, porque todo lo que escucha siente que "se le puede pegar". Tal vez fue ese día en que se torció feamente un pie y tuvo que usar muletas tres meses o cuando su mejor amigo se cayó del séptimo piso y quedó completamente destrozado. Si alguien sabe de algún recurso para recuperar la fe, la seguridad en la continuidad y la integridad personal, por favor envíele la sugerencia al correo: mevolvicompletamentefragil@gmail.com