Día a día… Noemí Guzik

Septiembre 30, 2008

¿quÉ bUscAs?

Archivado en: General — noemiguzik @ 5:15 pm

si buscas algo muy delgado como lo son las tarjetas de crédito y tal, aprenderás que alrededor de los cajones hay resquicios. cosas pueden caer en la parte de atrás y atraparse o caer al siguiente compartimiento. entenderás lo apropiado que es el espacio entre un zapato en el closet y el piso para resguardar cosas.

si lo que no encuentras es un papel en especial, una cuenta o escrito oficial por ejemplo, verás la cantidad de hojas que tienes por todos lados. algunas con fechas inverosímiles. teléfonos apuntados a la carrera, recibos de nimiedades, en general todo lo que no necesitarás jamás.

si buscas una prenda de vestir notarás cuántas cosas ya no te pones más, cuántas están mal colgadas, que mal gusto tenías antes. tal vez que has engordado un poco o que tienes un sweater precioso por ahí arrumbado.

si lo que quieres encontrar es un recuerdo, verás que tantos y tantos se te han borrado, que revuelves las fechas y las emociones, cuánto eres capaz de inventar, a qué le das énfasis y que te parece que en realidad nunca sucedió del todo.

Septiembre 28, 2008

lo que no se encuentra *** ***

Archivado en: General — noemiguzik @ 10:06 pm

no encontrar no significa que no exista. es más bien que no hemos imaginado dónde registrar porque pecamos de sentido común.

para encontrar es necesario, pues,  desafiar la lógica, evitar los malos presentimientos y no aferrarse a nada.

buscar requiere paciencia y sobre todo aprender a ver. ¿has abierto el refrigerador para localizar la salsa y no la ves por ningún lado por que resulta que estaba guardada en un recipiente que no imaginabas?

registrar la realidad para encontrar algo requiere toda una actitud. hay que diferenciar las cosas y ver detalles escondidos. hay que usar el manido sexto sentido.

para buscar hay que tener algo parecido a la fe. una sensación de existencia de algo que no se mira pero se sabe que podría ser encontrado tal vez tan sólo por que alguien dijo que existe.

hay otras maneras de encontrar: dejar de desearlo y caminar por la vida desolados hasta que de pronto aparezcan las cosas para nuestra sorpresa. o no aparezcan pero deje de importarnos.

habrá que decidir si buscar o dejar las cosas en paz, que se disuelvan, se mezclen, pierdan significado o valor. o buscar muy dentro la tenacidad.

buscar en vano es desesperante, desear lo que no se encuentra es atroz, pero la verdadera pesadilla es encontrar para desilusionarnos inmediatamente despúes.

Septiembre 18, 2008

el objeto perdido *****

Archivado en: General — noemiguzik @ 11:14 am

ya ni lo busco. lo hice durante mucho tiempo. no me resignaba a la idea de haberlo perdido. representaba el recuerdo que le daba sentido a mi vida. me he percatado de muchas cosas. una de ellas, es lo seguro que creemos todo, tenemos la ilusión de la continuidad. porque hoy tenemos mañana lo seguiremos teniendo. arrumbamos las cosas en sitios descuidadamente, con cierta certeza de que las encontraremos de nuevo. imagínate cómo sería la vida si tuviéramos miedo de que los objetos desaparecieran, no podríamos soltar nada y tendríamos que llevar lo verdaderamente esencial a todos lados en un maletón pesadísimo.

también he pensado acerca de la necesidad de evidencia para sentirnos bien. ¿pará qué necesito el objeto en cuestión si tengo su memoria grabada en la mente? es más, fíjate: viví muchos meses en paz simplemente por haber creío que todavía tenía el objeto en mi poder. no me empecé  a sentir desolada cuando lo perdí sino cuando me percaté de haberlo hecho. tal vez lo importante es creer que se tienen las cosas, no tenerlas de facto. ¿dónde radica el valor del objeto? ¿en sí mismo o en la representación que tenemos de el?

¿sigue siendo mío el objeto aunque ahora mismo no sé dónde se encuentra? ¿habré perdido parte de mi valor como persona al no saber localizarlo? ¿si encuentro el objeto lo esconderé ésta vez en una caja fuerte de banco? ¿o tendré miedo de perder la llave de la misma, de que un terremoto termine con ella o de morirme sin haberlo sacado de ahí?

Creo que un buen regalo que podría hacerme a mí misma es dejar de ser esclava de las cosas materiales e inmateriales, que a fin de cuentas son lo mismo, si uno enreda los conceptos lo suficiente.

Septiembre 5, 2008

cUevA de mUrciéLago *** ****

Archivado en: General — noemiguzik @ 6:01 pm

Apesta.

No veo dónde pongo las pisadas, siento que me resbalo.

Está oscuro y rancio el ambiente, húmedo y vizcoso.

Es como meter el dedo dentro de la cavidad de un animal: tibio, pegajoso, mojado  y

sobre todo… atemorizante.

Septiembre 2, 2008

cElOfáN ** ***

Archivado en: General — noemiguzik @ 8:39 am

“Mamá, otra vez siento el celofán en los ojos, sólo que ésta vez es verde”. Jacinta se preocupó mucho, mucho. Con el paso de las semanas había creído que la pesadilla era cosa del pasado, como tantas veces. No se atrevía nunca a decirle a nadie lo que en verdad sucedía. Cómo explicar las voces que le anunciaban cosas y las sensaciones raras. A veces, se sentía privilegiada por lo que le sucedía. Seguramente pocas personas tenían esas oportunidades. La única persona sensible que anticipaba sin saberlo los acontecimientos casi en cada ocasión era su hija Astrid: decía ver el mundo a través de una película de color. El padre de la niña y ella la llevaron varias veces con los médicos que no encontraban nada y hasta insinuaban una enfermedad mental en la pobre. Sólo la primera vez pensó que no había conexión entre una cosa y otra. En ese entonces la nena era bastante pequeña y no podía explicar bien lo que le sucedía pero alcanzaba a preguntar por qué “todo estaba pintado con sandías”. “¿De qué hablas?” le preguntaban todos.

***

Sentada en la mesa del comedor trataba de concentrarse para terminar el reporte en medio del ruido constante de sus dos hijos Astrid y Daniel. Levantó la vista un momento del papel y no había pared que dividiera la estancia de la cocina. Se llevó el susto de su vida, sintió que el estómago se le volteaba y se levantó como resorte. Estaba tan desconcertada que no podía hablar. Unos momentos después estaba la pared de nuevo como siempre. Más aterrador fue notarse flotando en el aire, a los pocos minutos, los juguetes de los niños y los muebles suspendidos quién sabe cómo y los edificios de alrededor completamente a la vista. Dio una patadita en el “piso” inexistente y escuchó el tenue sonido de la alfombra aporreada. Los niños jugaban y alborotaban sin notar nada cuando todo reapareció ante su vista.

***

Más de dos años transcurrieron hasta que Astrid se quejó de nuevo. “Mami, parece que tuviera unos lentes de sol puestos todo el tiempo por que veo muy oscuro y como del color de las piscinas de Cuernavaca”, dijo. Jacinta asumió que era el preludio de una migraña y le dio analgésicos con leche. Esa misma noche vio desaparecer el techo de su habitación al estar acostada y sintió las telas como de araña, sedosas y que le producían comezón y ronchas. Tocó el cuerpo de su esposo que roncaba fuerte, respiró profundo esperando que todo pasara y no tener que contarle todo ésto tan inexplicable, cuando en efecto, la normalidad volvió.

***

Jacinta empezó a tener el hábito compulsivo de mirar con atención a su hija en busca de señales que le avisaran que el horror regresaría. Cualquier ansiedad de la niña la ponía tensa y a la defensiva. A veces la niña se quejaba y a veces no, alrededor del tiempo en que escuchaba los crujidos cerca de las orejas y las voces que parecían un chiste, una caricatura: infantiles y susurrantes. Casi le hacían cosquillas de lo cerca que las percibía, riendo y discutiendo un poco a la manera de sus propios hijos. Si hubiera tenido que describir el asunto, diría que unos duendecillos traviesos se paraban muy cerca de su cara a jugar, corretear y pelear casi siempre divertidos.

***

La vida siguió, los niños se hicieron adultos, se fueron a sus propias casas. Casi 25 años pasaron antes de que viviera ella de nuevo bajo el mismo techo que Astrid en una sólida institución psiquiátrica, confortable pero fría. Ya no había colores para Astrid ni duendecillos o desapariciones de paredes para Jacinta: solo una gran quietud interior, sorda, desapegada y cotidiana generada por la bondad de los medicamentos.

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