estaba escribiendo un cuento con su recuerdo. sobre todo, fíjate, sobre todo, el mechón de pelo negro que caía sobre su frente y se movía cuando me contaba sus cosas era el motivador, el gatillo. un rato después fue su voz siempre en tono perentorio, o sus aseveraciones contundentes, como si fuera el dueño de la verdad absoluta. no sé si me gustan las personas que se creen dioses porque no creo en esos otros que nos vende la iglesia o si quisiera que alguien fuerte lo supiera todo y me cuidara de todos los males.