llamar tu atención *****
Siempre he sabido que es un lugar común el usar la sangre para llamar la atención o dramatizar. Qué trillado. Por eso simplemente usaría ese color en las letras para que tú te preguntes qué pasa conmigo. Y es que ¿cómo dejar de esperar que te fijes en mí, te preocupes y ocupes?
¡se volvió papel! ****
Algunas ventajas de ser helecho
Siendo lo que eres seguramente podríamos pensarte algunas bondades. No te fijes en que eres de lo más común y vulgar y brotas por doquier en tus diversas y a la vez parecidas modalidades.
Tus tonos verdes no tienen nada de original, se parecen a los de casi todos los follajes habidos y por haber. Ya se sabe, esos colores que pueden evocar materias tiernas o viejas y un tanto marchitas. Como ventaja estaría que cuanto más se acerca la sección a los cafés sabremos que la sequía es más presente y la frescura un asunto del pasado.
Muchas hojas te permiten murmurar el quejido cuando el viento te pasa por en medio y bailar al son de las circunstancias. Que las hojas sean casi idénticas ayuda a que no proliferen envidias y enredos.
Casi al final, en cada folio llevas la reproducción a cuestas: una semilla para que la naturaleza nunca se desprenda de ti ni de tus raíces, colores y formas. No en vano (y no te ofendas) algunas personas dicen que eres una plaga.
Eres más bien chaparra, saltándote las piernas pasas de raíz a cuerpo de un trompazo, así que tus caídas no serán muy peligrosas, permítete soñar que la cabeza no se te irá hasta las nubes.
No exageres preguntando para qué sirves. Seguramente de alguna manera completas ciclos naturales que tienen que ver con algún equilibrio de gases o algo por el estilo. Lo que es un hecho es que eres adaptable porque proliferas en todo el planeta con persistencia férrea.
Reafirmas el valioso refrán que dice: ……… “suerte te de Dios que el saber poco te importe”.
freud y el buda iluminado
Don Sigmund Freud trataba de relajarse mientras caminaba por el templo. Como siempre se había circunscrito a la cultura grecolatina, le costaba entender el sentido de ese espacio. Cuando el guía le presentó al Buda, se sintió incluso intimidado.
Sidartha le sonrió, inclinó el torso y lo invitó a tomar asiento en la banca iluminada por el sol extraño del Tibet. Un monje vestido de túnica morada les sirvió un té humeante.
—¿Es verdad que usted ha ideado métodos llenos de sabiduría para intentar lidiar con el sufrimiento humano? —preguntó Freud.
—Ver las cosas tal como son, simplemente —Buda volvió a sonreír.
—Para ver el estado verdadero de las cosas es necesario encontrar significados en el inconsciente de cada persona.
—Sí, somos poco conscientes de la cantidad de significados equivocados que le asignamos a la realidad.
—No es que sean equivocados —dijo meditabundo Freud rascándose la barba—. Es solamente que el lenguaje y el funcionamiento de la mente son complejos e inundan de asociaciones los hechos.
—En efecto, asociaciones y atribuciones equivocadas, plagadas de autorreferencias, de exageración de la importancia personal, de apegos y emociones negativas como la envidia, los celos y la aversión.
—Para luchar contra todo eso me he dado cuenta de que personas tumbadas en un diván asociando libremente proporcionan el material inconsciente que hay que analizar y limpiar de contaminaciones.
—Nada más sentarse —dijo Buda suavemente— y meditar para dejar pasar los pensamientos superfluos sin detenerlos ni analizarlos. Notarlos y dejarlos ir sin retenerlos es suficiente.
Freud se quedó callado. Pensaba que el simple hecho de dejar pasar los sentimientos sin analizarlos no era suficiente. Por su parte, Buda estaba razonablemente seguro de que era mejor idea no retener ni analizar, simplemente soltar y dejar pasar.
Al despedirse, Sigmund decidió escribir un texto para refutar al Buda. Este último sorbió el último trago de té y olvidó sin competir, divagar ni entrar en convergencias.