las flores artificiales que tengo están muy estilizadas y bien hechas. tienen la ventaja de que no caducan, a lo mucho hay que soplarles el polvo que se les acumula con el paso de los días. el florero es de vidrio y se pueden ver las patitas de las plantas cayendo al fondo rígidas y antinaturales.
decido moverlas y se van cargadas por mi mano a donde me propongo ponerlas. calladamente y como soldaditos siguen con el mismo color y lo que se podría llamar ilusamente una actitud de obediencia y de necesidad obligada de aparecer bonitas, acartonadas, sin vida.
son cómodas por que no dan lata, ni se apestan con el paso del tiempo. no hay que cambiarles el agua ni tirarlas porque se marchiten. también son aburridas y logran no significar nada.
si hago un acto un día de desaparecerlas de mi vista inmediata colocándolas en un bote de basura tapado, mi vida seguirá seguramente el mismo curso que si las dejara encima de la mesa del comedor.
No acabo de entender si vale la pena tenerlas o no.
Tienes que leer _Flores_, de Mario Bellatín. Si lo ves en tus andanzas del día, no lo dejes escapar (me refiero al libro, no al autor).
Comentario por Javier Dávila — Enero 27, 2008 @ 9:33 pm
Podrías probar regarlas, sacarlas al sol en la mañana, quitarles sus pulgones imaginarios. Quizás empiecen a oler a rosas.
Comentario por Quiltro — Febrero 19, 2008 @ 8:05 am