Éramos como treinta compañeros.

Armábamos subgrupos como todos los niños de seis años.

Desde mi punto de vista algunos conjuntos

eran de más jerarquía que otros. Una de

mis primeras sorpresas en la vida fue

sentirme parte de los que me parecieron los

más divertidos, los que tenían las

conversaciones más entretenidas.

Un amigo, recuerdo, me nombraba "la reina de

los colores" por que siempre le

prestaba mis lápices sin chistar. Ese apodo me

hacía sentir muy importante. A pesar

de todo, recuerdo que me

sentí siempre extraña, rara, diferente,

incómoda, , desorganizada,

torpe, de otra especie.

¿Todos nos sentimos en el fondo

siempre tan solos? me

he preguntado desde niña. O será que algunos

logran saberse de la raza humana y punto.