anónima, y sandalias tocando rítmicamente el piso. manos cargando paquetes. los nombres de las calles desconocidos. ni perros, ni gatos, solo otros caminando. me meto a un espacio a pedir un café, no sé si me entienden, si sentarse en una mesa sola va a ser agradable, mientras dedos se convierten en polvo,ojos en lluvia, recuerdos en nada, y por suerte no soy la doctora, la maestra, la esposa, la madre, la hija o la amiga de nadie.