Teníamos que pasar la noche sin dormir, porque no llevábamos
dinero para quedarnos en ningún sitio. Estábamos sucios por que el
viaje en camión duró siete horas.
El puerto estaba húmedo,
pegajoso. Podría decir que estábamos desazonados, perdidos, solos,
para nada con el disfrute que se supone nos daría el irnos de
aventura. Caminábamos en la semi oscuridad buscando un lugar abierto
donde tomar algo fresco, un líquido azucarado.
Vimos un
supermercado abierto, muy, pero muy abandonado, decidimos
entrar. Había en efecto unas mesitas sucias para sentarse a tomar un
refresco, un poco tibio. También había baños públicos donde nos
lavamos las manos, la cara, el cuello y nos dimos una
cepillada. La sensación de no pertenencia era desagradable, y
hablamos de eso sentados en las sillas de plástico tan inestables
que no podíamos osar recargarnos en los respaldos.
Miramos el reloj y eran pasadas las tres y media de la madrugada,
en unas horas más podríamos ir ya a nadar a la playa, tumbarnos en
la arena y dormir encima de nuestras toallas. A Jorge le venció el
cansancio y empezó a decir muchas tonterías, por ejemplo
que yo le caía en los huevos con mis silencios, que le daba la impresión
de que esa era una actitud engreída de mi parte: prepotencia fue la
palabra que usó. Entonces me vi impulsado a decirle que más bien a
veces es inútil discutir con él, porque es terco como una mula y no
escucha razones.
Mariano nos miraba un poco
alarmado sin duda. En un arranque les pedí a ambos algunas cosas de
mi propiedad que cargaban en sus mochilas, un poco mas grandes que
la mía.No pensarás en irte, ¿verdad?, dijo Mariano. Yo simplemente les
miré
con las manos extendidas, como diciendo: tienen un
minuto contado para darme lo mío. Jorge me dio mi toalla, y Mariano
el visor y las chanclas de playa. Al mismo tiempo que empujé mi silla
Jorge hizo lo propio con su asiento. Un tanto
azorado vi que
se alejaba a toda prisa. Miré a Mariano con un poco de pena, porque en
realidad él no tenía vela en ese entierro, y me salí a vagar a las calles
oscuras esperando a la madrugada. Esa fué la manera impensada
en la que terminó nuestra triate aventura.