Un día reencuentras unos zapatos que hace tiempo no usabas. Pueden pasar muchas cosas:
* Te dices: de verdad alguna vez tuve éstos gustos para elegir zapatos? (cómo he cambiado!)
* Te pones uno, y resulta que le notas un endurecimiento en la planta, o te raspa encima del tobillo, te aplasta la punta del dedo gordo, o te estorba en la parte de afuera del dedo chiquito. (Cambió mi pie? el zapato evolucionó?)
* El zapato sigue pareciéndote bello, pero ha perdido gracia, actualidad, y no entiendes bien a bien porqué. (Es que he cambiado de vestuario, te dices).
* Solo encuentras uno de los dos zapatos! Quisieras usarlos, pero ya no hay como completar su utilidad.
* Te pones el zapato, y reencuentras una comodidad, …. esa sensación de guante tibio en mano, inigualable, y no entiendes cómo es posible que lo hayas arrumbado tanto tiempo.
* El zapato te gusta, te queda, lo aprecias, pero sin entender muy bien porqué lo pones de nuevo en el armario.
Así pasa con los amigos que uno reencuentra. Sí, ya sé qué feo es eso de comparar zapatos con gente, y todo ese rollo, y sí, es que soy muy mala.