Si la cosa se pone difícil, simplemente me descascaro: quito la piel, saco los ojos de las órbitas, mis orejas se vuelven de plástico, mi naríz no tiene hoyos para respirar, mi frente es lisa como la de una pelota de futbol. Por supuesto el cabello que siempre es tan cautivador y lleno de energía lo desaparezco. Mi boca se convierte en pasta sedosa de un color nacarado.Y entonces, parecería que estoy ahí pero en realidad no lo estoy. Si en ese momento me estoy comiendo una cereza, se vuelve de metal.