| Había muchos árboles, pero uno de ellos me llamó susurrando: parecía jalarme hacia él, como en vorágine. Sentía caricias en mis mejillas, no sé si era el viento o el alma de ese ser, pero eran deliciosas, muy sutiles. | ||
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Miré justo a la altura de mi cara el agujero negro. Acerqué los ojos para ver, pero todo estaba oscuro. Entonces puse la oreja, como se hace con los caracoles. Oí las voces, tan quedas, tan sin eco, tan lejanas pero vibrantes. Las palabras eran raras, no supe si eran mensajes o el llanto del resquebrajamiento del arbol, si eran animalitos que soñaban dentro o preparaban sus alimentos, o fornicaban en su casa. Abracé el tronco, húmedo y grueso, que me acarició a su vez las emociones.
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Diciembre 25, 2005
oQueDaD ** * *
10 comentarios »
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Y después sobreviene la caricia más profunda, la que no se olvida…
Vendrán los días de mar.
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Un gran, gran abrazo en esta Navidad mi querida Noemí
Comentario por Vir& — Diciembre 25, 2005 @ 2:38 am
…¿No reconociste las voces…? ¡Era el villancico del árbol de la Navidad! Un abrazo de árbol, Noemí…
FELICES FIESTAS: LeeTamargo.-
Comentario por LeeTamargo — Diciembre 25, 2005 @ 4:16 am
Nomás pasé a saludar, con muchoooooo sueño…
Como siempre, muy chido lo que escribes, pero la imágen es sensacional, ¿De dónde la sacaste?
Saludos
Comentario por La Chilanga — Diciembre 25, 2005 @ 7:31 am
Estamos vivos y nunca solos, encontramos quien nos escuche en los sitios más insospechados.
Un beso todo orejas
Comentario por Manuel — Diciembre 25, 2005 @ 8:14 am
me recordó este poema de Leonardo Fernández, espero que te guste:
Confesiones del paraíso
A Tania Hada Celeste
Abríanse portales, destellos en la niebla.
Todo era circular, como al principio.
Ojos de luna en las hojas, parpadeaban.
Caían velos y murallas, era libre.
Ella sintió la punzada sedosa de la luz.
La tierra, en nuestros pies, tejía raíces de musgo.
Los arbustos del pecho eran grillos,
el rocío labios, dos lenguas,
un deslizar de magnetos nuestras manos, cuerpos.
La Tierra llamaba y el aire húmedo la descubría,
era profunda. La mirada, entonces, penetraba.
Recién salía de la llama blanca
cuando los peces sombras del párpado surcaban el bosque.
La vida de un rombo rojo se encendía en el éter,
quise hincarme pero titubeé en la incandescencia.
Su estela tragaba la noche.
—¡Celeste! ¿Lo viste?
Pero Tania besaba el pubis de un árbol con los ojos cerrados
succionando perlas.
Comentario por raquel olvera — Diciembre 25, 2005 @ 12:25 pm
Los bosques rebosan de duendes y pequeñas criaturas fantásticas que se burlan de los ojos humanos, incapaces de verlos. Detrás de cada árbol y cada hoja esperan la oportunidad de salirnos al encuentro. No me cabe duda que a vos te hayan acariciado.
Comentario por Palabras errantes — Diciembre 25, 2005 @ 9:59 pm
….a veces esas caras surgen en los lugares más insospechados….
Comentario por humilde — Diciembre 26, 2005 @ 6:56 am
buena experiencia haciendole el amor a la naturaleza…
Comentario por Fico — Diciembre 26, 2005 @ 9:29 am
La boca del árbol come corazones.
Comentario por IHB — Diciembre 26, 2005 @ 2:51 pm
¡Que hermoso! Gracias.
Besitos, muchos
Comentario por Cristal — Diciembre 26, 2005 @ 5:32 pm