El metro es un asco, se recitó Manuel como todos los días. Va uno oliendo los sobacos de todo mundo si no es que los pedos, y mirándole los pelos al vecino. Ahí parado, entre tanta gente, empezó a sentir el grano. Sí, el famoso grano en el muslo junto al huevo, que con el sudor dá comezones. Hay que dar manazos discretos, rapidísimos para quitar el picor. Hay que ver…. hay que ver…ay, hay que ver las nalguitas de esta nena, flaca, pero sabrosona. Yo a ésta le bajaba los calzoncitos y me la cogía desde atrás bien empinadita, hasta inundarla, pensó. La cabeza pequeña de Manuel como es lógico y legítimo empezó a reaccionar, y bueno, a poner cara de idiota que mira por la ventana sin mas. Faltan cuatro putas estaciones, ah jijo! ni un cuaderno de notas se acordó de traer, entre Lena, las prisas, la salida furtiva para que su sister no lo jodiera. Ni modo, los apuntes sirven para un carajo, de todos modos ese maestro de historia universal es un pendejo redomado con cara de foco, pelón y con los ojos salidos. En una de esas, pensó, me bajo en Pino Suarez y rolo con los cuates, fumo un pitito, … sí, mejor eso, ya mañana voy a la school.
     

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Gracias! (estoy teniendo algunos problemillas con eso)