Cuando lo ví revoloteando por la habitación….
 
   
  primero me sorprendí, luego me asusté,  
  a la segunda mirada me fué gustando su pancita, ví que sus manos podían ser acogedoras.  
  Cuando su pupila se posó en la mía, con esa humedad y sutileza, entendí porqué una en un dos por tres se enamora.  
  Unos momentos después ya no quería que me abandonara nunca, el colmo de los males de amor.  

Lindo el bicho del que me enamoré, no?