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Es todo un problema: estás vivo, pero lleno de muertos. La amiga que se enojó contigo y ya no te habla, la pareja que después de hacer contigo el amor durante un año ya no te escribe ni siquiera un mail de cortesía, la blusa favorita que se te manchó y tiraste a la basura, el trabajo que perdiste,… ya sabes que la lista es absolutamente interminable. Tenemos muertitos y muertotes enredados con nuestras células vivas. Repito: qué problema. Respiramos tanta muerte entre tanta vida, que nos sentimos intoxicados. Por eso nos “salen” suspiros, dolores de pecho, retortijones, migrañas, urticarias, colitis y cistitis. Vé nada mas en que se convierten los muertos no excretados. Debería haber una bolsita en el cuerpo para guardar deshechos mortuorios y una puertita que se abriera cada mes y así como sale la menstruación se expulsara del cuerpo de hombres y mujeres la muerte acumulada. No?









Chin, ya eran las 9, no fué a clase de siete! ya ni modo. Meditó: me baño o no me baño?, se dirigió a la regadera, ya desnudo abrió la llave, que guey, se congelaba en lo que el agua caliente llegaba, se vió el pirrín enanísimo, escondido en la selva montañosa. Se lo acarició, se rascó la maraña, se mojó, enjabonó, perdió tiempo pensando en Lena. Ay, Lena mía, se dijo: sólo por tí voy a la school hoy. Que mamona es, ni un lazo me tira, pero que boquita mas besable, y las tetas que se suben y bajan un poco cuando camina, Dios!, ya la besaba, sentía sus labios, su lengua, su babita, hummm, ah no verdad? el agua estaba fría rapidísimo así que no se lavó las patas, que importa. Puta madre, putísima madre! no trajo la toalla!, decidió salir corriendo tapándose con la camiseta el centro del universo. En la recámara, sentado en la cama, con el pelo escurriendo, pensó en masturbarse, pero le dolía su cosita, así que buscó con esperanza alguna prenda de vestir medianamente limpia.










