Funcionas bien pensando que la rutina seguirá por siempre, que nada pasa, que los eventos tienen una continuidad suave, tersa, agradable. Olvidas que de pronto la realidad se rompe, estalla, se desorganiza y te da de golpes rudos quitándote la omnipotencia del pensamiento que te hace creer que todo está bajo control: de repente, sin mas, te llega la noticia de que algo se ha descompuesto, accidentado, roto, que uno de tus pedazos internos está en peligro o ha desaparecido. Entonces el miedo se apodera de tus resquicios, te colorea de rojo sangre, te hace palpitar y sentir que nada es firme, que no es cierto que el día tiene 24 horas, ni que te llamas como creías.