En calidad de transparente, salí volando por la ventana una madrugada. Necesitaba despojarme del cuerpo que me pesó la noche entera. Así que lo dejé posado en la cama, y como siempre, me salí suavemente. Todavía había rocío en las hojas del árbol, humedad en el pasto y brisa nocturna. La luna no se había escondido. Transité por las calles que camino de la mano contigo, miré desde arriba el mercado de comida, los perros flacos y tristes tirados en las aceras. Ví las escaleras por donde subimos para llegar a nuestro escondrijo, extrañé tu aroma, tu conversación, la cadencia de tus pasos. Entré de un soplido al lugar donde nos besamos desesperadamente a veces, y suspiré tan fuerte que se acabó el encanto y cuando me dí cuenta estaba de nuevo en mi cuerpo, soñándote.