En cada nuevo encuentro uno se enfrenta a lo infinito: la primera mirada es el anillo mas externo del caracol, el forro, la cubierta, los colores. Si escuchas, o tocas, o lames, o recorres al otro, te adentras. Los anillos se vuelven cada vez mas pequeños mientras te internas hasta su infinito. Lentamente vas entendiendo sus accidentes, sus simetrías y asimetrías. El olor en los interiores del caracol es intenso, el rosa varía, y lo mas envolvente es ese sonido del mar eterno . Rara vez o nunca llegas al fondo, circulas y circulas por lugares cada vez mas pequeños, mas lejanos del afuera. Olvidas el anillo anterior, hasta que te pierdes en alguna de sus ranuras.