Paul Watzlawick nos ilustra de manera magnífica como complicarnos la existencia. De sus múltiples escritos, éste (el del título de este post) es el que ha sido mi favorito por mucho.

Lástima que no puedo mandarle mi colección de ejemplos al respecto porque a estas alturas quien sabe donde anda su alma enredándose y complicándose.

Tuve alguna vez una pacienta que estaba casada con un hombre que ya iba por su segundo matrimonio. Estaba absolutamente torturada por la idea de que su marido había amado mucho a su primera esposa y tenía la sospecha incluso de que él aun la amaba. A menudo le preguntaba acerca de eso, y el le respondía que alguna vez la había amado, pero que en el presente no tenía ya esos sentimientos mas que por ella, su nueva esposa.

Cuando oía la respuesta se inquietaba terriblemente: no le dejaba nada tranquila saber que su esposo amó a esa mujer alguna vez, y además no le creía cuando él le decía que ya no la amaba mas. El pobre marido estaba desesperado y ella muy ansiosa.

Entonces le recomendé que SE ABSTUVIERA DE PREGUNTARLE MAS AL RESPECTO aunque estuviese torturada internamente por el tema hasta que:
1.Estuviera dispuesta a OIR que su marido había amado a esa mujer alguna vez.
2.Hasta que pudiera creerle que ya no la amaba.
3.O bien hasta que se decidiera a vivir el resto de la vida enojada de que él la amó alguna vez y de no poderle creer a él nunca sus palabras.

Cuántas veces nos enredamos en encrucijadas sin salida, circulares, repetitivas, y sin solución?