No siendo, camino por las calles de la peligrosa Zona Rosa. Sin cuerpo, miro las hojitas en el piso, regadas por todos lados, cafés y marchitas. La acera está llena de hoyitos (todos hemos visto esas cosas, ya lo sé). Alguna propaganda se vuela a mi paso. El olor es acre, me pica la nariz, los autos pasan a mi lado, soplando vahos grises o transparentes pero tóxicos. Sé que no es novedad describir estas sensaciones, pues todos alguna vez hemos caminado por calles, siendo nada, revueltos con el paisaje, desapercibidos de nosotros mismos, liberados de los pensamientos repetidos y repetidos como clavos en banco. Miro discretamente los establecimientos, para ver donde me late pedir un café, y sentarme un rato a seguir bobeando. Uno no porque es muy familiar, y no quiero a nadie cerca, otro tampoco porque está muy desangelado, y el otro tampoco porque se ve muy gringo. Me topo con un MacDonald’s, con un establecimiento de donas, con un restaurante chino. Ay! Un aparador polvoso, con la ropa en los maniquís maltrecha, feamente combinada, las caras sin ojos ni boca, las cabezas pelonas, manos como de muerto, rígidas y pálidas. Luego un aparador de Zara, atractivo, con modelos talla cero. Si me siento en el cafecito que estoy mirando me vuelvo de nuevo yo? Si me siento, y miro mis manos y mis dedos, y uso la voz para pedir el líquido humeante, volveré a ser la misma martillada por las obligaciones? Mejor sigo caminando, viendo los puestos con dulces y papitas, los niños sucios sentados en las paredes, las coladeras medio abiertas, mis zapatos gastados.
Marzo 16, 2005
9 comentarios »
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Hoyitos en los zapatos, deatiro camina hasta el parque de Chapultepec, a lo mejor ahí se te quita la pachorra y te encuentras (No te desvíes a Polanco por favor)
Comentario por manuel — Marzo 16, 2005 @ 3:19 pm
Excelente narración urbana!
Saludos!
Comentario por Luis — Marzo 16, 2005 @ 5:24 pm
hola !
me gusto mucho tu descripcion y narraciòn, te felicito y sigue escribiendo asì.
Comentario por rafael Ramirez — Marzo 16, 2005 @ 7:16 pm
Hola Noemí, gracias por la visita a mi blog y el comentario, lo poco que he leído hasta ahora del tuyo me ha gustado bastante, se acerca mucho a la forma en que a mí me gustaría llegar a escribir algún día jeje… Trataré de darme más vueltas por aquí, a ver si algo se me pega
Saludos…
Comentario por Belinda — Marzo 17, 2005 @ 12:41 am
Bonito color el de tu prosa, un soplo de brisa fresa en estos tiempos de estandarización
¿de dónde eres?
Comentario por amanofnofortune — Marzo 17, 2005 @ 6:02 am
Qué bien está este texto. Uno se pierde en la ciudad por una razón elemental: tenemos perdida la ciudad. Una ciudad grande y vieja está perdida para sus habitantes casi por definición. Parece como si en lugar de conocer sus rincones, los reconociéramos, y no siempre. Pero además del atiborramiento urbano, la superposición de estructuras, personas, ideas, las ciudades están llenas de historias apasionantes. Quién sabe sobre cuántas huellas caminamos cuando salimos a las calles. En las ciudades uno se topa con lo más impensado. A mí me parece que una obligación de todo ser urbano es caminar su ciudad, repetir las pisadas de sus antepasados y servir de unión con los que vengan después.
En las ciudades uno se topa con lo más impensado; por ejemplo, con uno mismo, como en aquel poema de Heine en que un hombre se asoma a la ventana de la que fuera su amada y se ve a sí mismo y siente celos. Yo camino mucho en esta ciudad. Antes de volver a casa, como tantos otros tengo la costumbre de llamar a mi esposa “por si se ofrece algoâ€. Una vez, llamé y me contesté yo. Colgué. Volví a marcar. Me contestó mi esposa. Cuando le conté más tarde, sufrió un ataque de pánico, pensando en la leyenda del doppelgänger, cuyo encuentro significa la muerte inminente. Ya sé que parezco inocente, pero ahora me pregunto por qué colgué la bocina. Debí haber tenido la cortesía de intercambiar unas palabras con mi doble, quienquiera que fuera. Quizá se ofendió, porque esto ocurrió hace más de 10 años y sigo vivo.
Comentario por Javier Dávila — Marzo 17, 2005 @ 11:01 pm
Esa si que es una sensación que de pronto (cuando hay tiempo) llega hasta mi. Pero hoy, que por momentos salí de mi refugio, fui empujada por el viento hasta la calle, y me sentí contenta de ver todo transparente, de poder tocar los cerros y estar a un paso del Ajusco y a a tres del Popo. Las jacarandas están a todo lo que dan, creo que hasta se adelantaron, ¿o es que tendremos flores pa´ un buen tiempo? Estos días de cielo azul intenso, de nubes que corren en busca de otras, de los cerros cercanos habitados por algunas personas que conocemos y que se han ido buscanso mejores aires, mejores paisajes. Estos días… como que “recuerdo” (como dirían los rarámuri al acto de despertar de un sueño), respiro hondo, y por un momento me encuentro.
Comentario por Georgina — Marzo 18, 2005 @ 1:11 am
Momentos bajos, operfectamente narrados, soledad, incapacidad temporal para luchar, inercia, y el abismo entre uno y el mundo. Muy bueno. Un saludo.
Comentario por Egosum — Marzo 18, 2005 @ 12:19 pm
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