El Bolero de Ravel: dos versiones
En mi vida hay una versión de este bolero que adoro, me apasiona e incluso me da de comer: los pacientes en la consulta me cuentan una y otra vez hasta el infinito versiones y versiones de los eventos claves de su vida. Las analizamos y nos maravillamos de los pequeños pero significativos cambios que se van operando cada vez que cuentan la misma o similar historia.
Algo muy diferente (lo siento, no puedo evitarlo) me pasa con las versiones repetitivas de mis amigos: ir a los mismitos lugares, contar las cosas varias veces, responderme con los mismos argumentos, ayyyy, me provoca un tedio que casi cae en el repudio. No se bien a bien porque me genera rabia esa actitud incluso en las gentes que mas amo. No será una proyección del horror que siento a mis propias inmovilidades y rigideces? Con lo variado que es el planeta, la cantidad de temas de conversación, los miles de lugares que tiene esta ciudad, porque gastarnos en una sola ruta que le quita el chiste a las interacciones y las vuelve sosas y sin iniciativas? Me imagino a estas personas haciendo por ejemplo siempre el amor de idéntica manera, en los mismos lugares y a la misma hora los martes y viernes… PUAG.
Así, las repeticiones en un caso me fascinan, en otro me disgustan y DECEPCIONAN profundamente.