Día a día… Noemí Guzik

Febrero 4, 2005

El Bolero de Ravel: dos versiones

Archivado en: General — noemiguzik @ 12:26 pm

En mi vida hay una versión de este bolero que adoro, me apasiona e incluso me da de comer: los pacientes en la consulta me cuentan una y otra vez hasta el infinito versiones y versiones de los eventos claves de su vida. Las analizamos y nos maravillamos de los pequeños pero significativos cambios que se van operando cada vez que cuentan la misma o similar historia.

Algo muy diferente (lo siento, no puedo evitarlo) me pasa con las versiones repetitivas de mis amigos: ir a los mismitos lugares, contar las cosas varias veces, responderme con los mismos argumentos, ayyyy, me provoca un tedio que casi cae en el repudio. No se bien a bien porque me genera rabia esa actitud incluso en las gentes que mas amo. No será una proyección del horror que siento a mis propias inmovilidades y rigideces? Con lo variado que es el planeta, la cantidad de temas de conversación, los miles de lugares que tiene esta ciudad, porque gastarnos en una sola ruta que le quita el chiste a las interacciones y las vuelve sosas y sin iniciativas? Me imagino a estas personas haciendo por ejemplo siempre el amor de idéntica manera, en los mismos lugares y a la misma hora los martes y viernes… PUAG.
Así, las repeticiones en un caso me fascinan, en otro me disgustan y DECEPCIONAN profundamente.

Tarántulas y gorilas

Archivado en: General — noemiguzik @ 11:11 am

En ciertos días particularmente tensos se aparecen en mi vida las tarántulas y los gorilas. Camino por las veredas del día común y corriente, y de pronto me asalta una araña peluda y aterradora. Me ataca su veneno en el pecho haciéndome sentir oprimida, aunque no me muerde en realidad. Algunos seres que atraviesan por mi vista se ven como enormes patas que en algun lado del cuerpo que las detiene tienen el aguijón con el veneno. Me escondo todo lo que puedo para pasar desapercibida, me muevo poco y respiro muy discretamente.
No soy especialmente paranoide, a pesar de lo que estoy describiendo, pero en esos días de cansancio, malestares físicos o desazón, todos los estímulos me parecen grandes, peligrosos y prefiero permanecer discreta.
Los mismos días, u otros, dentro de mi cuerpo se hace presente un enorme gorila, tan torpe por su tamaño que parece mas bien elefante en cristalería. Cuando se adueña de mi cuerpo, mis movimientos son toscos, mi mirada demasiado descriptiva y mis palabras directas y claridosas. Tengo que respirar apenas, para que no se manifieste y me cause líos.
Muy a menudo en mis sueños se aparecen estos u otros animales extraños, notoriamente como de peluche o de plástico, que a sabiendas de que no son reales, me aterrran. Dentro de los mismos viajes oníricos me explico a mí misma que no hay nada que temer, que son solo malas imitaciones de los peligros reales.

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