Ni tu ni yo: lo que se hace de nosotros dos. Esa es la idea central del asunto. Lo intersubjetivo referido a la combinación única que se dá entre lo que eres dices y haces y lo que yo hago digo y hago. Un espacio diferente, como un nuevo cuerpo, el híbrido o la nueva colección que hacemos al convivir en algún aspecto.

Es un asunto interesante, éste, porque no estamos hablando de personas, sino de conjuntos. No de actitudes individuales, sino de conjunciones. No hay dos díadas iguales, solamente acaso parecidas en alguna cosa.

Con los pacientes en psicoterapia, encuentro un ejemplo perfecto: siendo yo la “misma” terapeuta con ellos, soy “otra” con cada uno. Tengo una continuidad corporal, en tiempo y espacio, y sin embargo… una profunda discontinuidad. En cada caso me transformo en la acompañante específica de las funciones que el otro me proyecta, me demanda, percibe en mí, combinado con lo que “yo soy”, cualquier cosa que eso signifique.

Así, descubro el gozo profundo de ser una y tantas, de tener un mundo e infinitos mundos posibles, de ser versátil, descarnada, libre, amoldable, apareada con realidades y juegos de todos sabores, colores y texturas. Qué dicha.