Del gusto por el horror
Nunca en mi vida me he recuperado del todo de la impresión que me causó una asociación que me ayudó a hacer una psicoanalista con la que estuve en análisis un tiempo. Le contaba acerca de mi gran afición a las películas de horror; me preguntó un poco mas al respecto y le conté de esa sensación peculiar en la que la piel se me pone fría, los cabellitos se me erizan, sobre todo los de la nuca, siento un pie que me aprieta el esternón, y me cuesta trabajo respirar.
Le hablé de escenas – las típicas - donde está una mujer desnuda en la regadera, relajada, tranquila, con una breve sonrisa en la cara, y de pronto es víctima de la cuchillada de un hombre, cae al piso, el agua sigue corriendo sobre su cuerpo inerte ya, el agua tinta roja. O esos niños perseguidos por asesinos seriales, los vampiros que muerden y salen solo de noche, o las personas posesionadas por demonios o con alienígenas que les salen del ombligo. Ella me preguntó que relación tenía todo eso con mi vida personal, y yo me quedé estupefacta de lo que respondí: en mi niñez, a veces vagaba por la casa pensando un poco aturdida en cosas no muy claras, y de pronto un grito me llenaba de un terror indescriptible: “Noemíiiiiiiiii, ven acáaaaaaaaaaaaaa†(ay, todavía siento feo de acordarme) : era mi madre que iba a regañarme por alguna cosa, casi siempre completamente ajena a mi persona, o acaso, por algo que hice sin malicia. La parte mas terrible de esas escenas era que no podía responder nada, quedaba paralizada y sin habla y confusa acerca de mi culpabilidad o no. Con el tiempo, la sensación de ominosidad se posesionó de alguna manera de mí, y me rondaba cuando estaba en casa. Luego, mas grande, se me instruyó acerca de los peligros de las calles, sobre todo de los muchachos que pudieran acercarse y la sensación se extendió a los exteriores. Por suerte me he liberado muchísimo con el paso de la vida de la sensación de acecho, de peligro sutil y latente, transformándose tan solo en una afición enorme a las películas de horror en todas sus modalidades, sean buenas, regulares o como casi siempre… malísimas. No me pierdo una sola que hay en cartelera. Revivo en todas ellas el horror, y al final… salgo siempre ilesa.
“Le hablé de escenas – las típicas – donde está una mujer desnuda en la regadera, relajada, tranquila, con una breve sonrisa en la cara, y de pronto es víctima de la cuchillada de un hombre, cae al piso, el agua sigue corriendo sobre su cuerpo inerte ya, el agua tinta roja.”
jah la escena de psicosis
a mi antes (cuando era un niño) me daban mucho miedo las peliculas de chucky, y el trauma me duro casi hasta la adolescencia, hasta que un dia tuve un sueño/pesadilla donde el muñeco ese me perseguia, pero en el sueño le hacia frente y le daba de patadas o lo aventaba lejos y el no podia hacerme daño, desde ese dia, fui perdiendo el miedo…
Comentario por jpablo — Febrero 13, 2005 @ 6:37 pm