En ciertos días particularmente tensos se aparecen en mi vida las tarántulas y los gorilas. Camino por las veredas del día común y corriente, y de pronto me asalta una araña peluda y aterradora. Me ataca su veneno en el pecho haciéndome sentir oprimida, aunque no me muerde en realidad. Algunos seres que atraviesan por mi vista se ven como enormes patas que en algun lado del cuerpo que las detiene tienen el aguijón con el veneno. Me escondo todo lo que puedo para pasar desapercibida, me muevo poco y respiro muy discretamente.
No soy especialmente paranoide, a pesar de lo que estoy describiendo, pero en esos días de cansancio, malestares físicos o desazón, todos los estímulos me parecen grandes, peligrosos y prefiero permanecer discreta.
Los mismos días, u otros, dentro de mi cuerpo se hace presente un enorme gorila, tan torpe por su tamaño que parece mas bien elefante en cristalería. Cuando se adueña de mi cuerpo, mis movimientos son toscos, mi mirada demasiado descriptiva y mis palabras directas y claridosas. Tengo que respirar apenas, para que no se manifieste y me cause líos.
Muy a menudo en mis sueños se aparecen estos u otros animales extraños, notoriamente como de peluche o de plástico, que a sabiendas de que no son reales, me aterrran. Dentro de los mismos viajes oníricos me explico a mí misma que no hay nada que temer, que son solo malas imitaciones de los peligros reales.
Febrero 4, 2005
Tarántulas y gorilas
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