Quería vivir en lo novedoso ****

     
     
 
Buscando un verdadero cambio, decidí irme en una excursión a lugares pantanosos y selváticos, lejanos de serio de la civilización. Las instrucciones para caminar por la selva eran sobre todo dos: ponerse botas altas para que no se aprovecharan las víboras, y no mojarse con el lodo, y untarse grasa de animal por todo el cuerpo para no oler a humano y que a ningún ser vivo por ahí le diera por engullirnos. A decir verdad todo eso me asustó bastante. Durante la noche mi habitación en lugar de vetanas tenía mosquiteros, así que los sonidos me hacían dormir sintiendo a los insectos y depredadores encima de mis narices. La lámpara de querosene despedía un olor que me mareaba y me hacía casi alucinar, y no podía ir a un baño en toda la santa noche. No sentía que descansara, de hecho sí olvidé mis problemas de la oficina, pero ahora temía por mi integridad física y mental. Me agencié la amistad de uno de los guías de turistas, para sentir cierta protección, y surgió un atisbo de calidez entre nosotros. Al tercer día del viaje me invitó solemne a comer a su casa. Hasta entonces había cuidado el escoger comidas parecidas a papas, arroces o verduras, para no errar. Pero la madre del hombre me sirvió una cazuelita llena de un potaje oscuro con olor a consomé de res. Comí trocitos de carne aun pegados al hueso y con el pellejito hervido. Una pieza pequeña pero muy huesuda llamó mi atención y la miré un poco: logré ver una manita parecidísima a la de un humano recién nacido o por ahí. Mi cerebro ató algunos cabos y tuve la terrible impresión de que acababa de comerme el tobillo de un ser de anatomía idéntica a la mía pero tamaño cero meses (o menos?) . Miré al frente mientras el sudor intentaba cegar mi vista, todo se volvió neblina, lo siguiente, un calor extraño en la cara: seguramente cuando me desmayé caí en el plato hondo con caldo tibio.
 
 

La ilusión del dentro y fuera *****

Miré por la ventana. Recordé tantas películas con una mujer mirando llover. Y eso hacía yo en ese momento largo. Parada en la alfombra de mi habitación, miraba llover. En la acera de enfrente, se veía el enorme árbol que me movió a comprar esta casa. Un señor mayor con un perrito blanco atado a una correa estaba debajo de las ramas, esperando que dejara de caer tanta agua (supongo). Me dieron ganas de bajar, abrir la puerta y gritarle que si necesitaba cobijo. Pero mientras lo pensaba se fue debajo de las gotas, despacio, tal vez con miedo de caer. Estar detrás del vidrio siempre me ha parecido triste, es como si algo dividiera al mundo en al menos dos partes, fuera y dentro, lluvia fuera y tristeza dentro, lo bueno fuera o lo bueno dentro, o lo malo dentro, etc. Detrás del vidrio.. es como contemplar todo lo que está en otro lado y no puede tocarse, tenerse, vivirse. Es saberse limitado de tenerlo todo. Miraba un pedacito de mundo, seca, mientras todo lo que estaba afuera se mojaba. Yo no podía tocar el agua, la veía pegar en los cristales, estrellarse y resbalar. Quise abrir la ventana para sentir el viento, el agua, el frío, pero no lo hice, no sé porqué. Será por la comodidad de no moverme y solo mirar sin tener que actuar? Será por que estar detrás de un vidrio cuando llueve afuera nos pone confortablemente pasivos y secos y tristones? Me dejé respirar hondo y pensar en cosas, mientras miraba el piso de mi patio llenarse de hojas empapadas. Escuché llover, y recordé a un paciente sordo que tuve alguna vez. El se sentaba de espaldas a la ventana del consultorio, la sesión expiraba, le dije que se pusiera el saco porque estaba lloviendo, y se me quedó mirando con infinita tristeza. Le pregunté qué sucedía y me preguntó: ¿cuándo llueve se oye? Me impresioné muchísimo al darme cuenta de que nunca lo había yo pensado así, y que él jamás oiría ni entendería lo que es saber que llueve de oído.

Llevar siempre la navaja al viaje de la vida ***

traje al viaje la navaja suiza, porque con ella saco, lijo, pulo y alineo recuerdos, o bien los recorto, amoldo, trituro, aplasto, reconstruyo, atesoro, maldigo, vendo, distorsiono, abandono, ignoro, engaño, atosigo, redondeo, deformo, aplasto, abrazo, invento, endulzo, confronto, persigo, huyo, endioso, minimizo, froto, acomodo, extorsiono, amago, pisoteo…
   
   

Lugar inseguro **

     

ya me iba a sentar en tu espacio, de pronto mi vista me confrontó con el asiento despedazado, desplazado, incompleto, triplicado, con las patas inseguras. mejor no me recargo ahí, de plano. te ves muy inseguro como continente de mi persona.

 
     

Algunas connotaciones de la ambición ****

  • comerse al mundo se interpreta como ambición. no queda claro si la connotación es positiva o negativa. se puede entender como quien lo quiere todo desmedidamente o como alguien que no se detiene ante los obstáculos en la persecusión de su deseo.
 
  • pongamos por ejemplo este elote semidesgranado. podríamos jugar a que representa lo feo que se ve el mundo cuando está medio comido y entonces se presenta incompleto y despostillado.
 
     
  • o como sinónimo de la enorme dulzura al engullir el dulzor del mundo, su liquidez, su color a vida, sus semillas generadoras de existencia y continuidad.
 
     
  • mi abuela hubiera dicho que es fundamental comer una manzana al día para conservar la salud. la deducción sería: qué poca fuerza tienes si no posees dientes para comerte al mundo y ejercer tu ambición de nutrición, vitalidad y coordinación de los órganos.
 
  • dime qué muerdes y te diré que tan sexy eres.
   
  • se rumorea en nuestra cultura contemporánea que comerse algunas cosas puede dejarnos anquilosados, pesados, desflexibilizados y convertidos en títeres del imperialismo yanqui :)